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Una joven de Jinámar viaja al Nepal como voluntaria para trabajar en un orfanato
Yésica Galindo, Dulce Matos y Yaiza Herrera, unos días antes de partir al sur de Katmandú en Nepal (Foto Adolfo Marrero/LP-DLP)
 
Amigas desde hace años, tres grancanarias: Yésica Galindo (Telde), Yaiza Herrera (Las Palmas de Gran Canaria) y Dulce Matos (Arucas), decidieron en febrero viajar a Nepal. Una aventura que en principio tenía una perspectiva turista, pero que cambió de rumbo por completo.
A finales de octubre, llegarán al sur de Katmandú para desempeñar una labor como voluntarias en un orfanato de la ONG Namaste, situado en la ciudad de Hetauda. Un proyecto en el que trabajarán por mejorar la calidad y las condiciones de vida de los 30 niños discapacitados allí asistidos
Desde Las Palmas de Gran Canaria hasta Katmandú. Ni Yaiza Herrera de la ciudad capitalina, ni Dulce Matos, natural de Arucas, se lo pensaron dos veces cuando, a principios de año, la teldense Yésica Galindo les propuso recorrer los 9.500 kilómetros que separan la Isla de Nepal. Una aventura cuyo rumbo ha cambiado desde febrero y que vivirán, si ningún imprevisto lo impide, en noviembre, según se reseña en un reportaje de Amparo Rodríguez en La Provincia-DLP.
Compraron los billetes con tiempo y pronto también comenzaron a organizar lo que iba a ser un viaje turístico. Sin embargo, la odisea estuvo abocada desde los inicios a cambiar de rumbo. El primer giro de 360 grados llegó cuando la iniciadora del proyecto, Yésica Galindo, y su amiga Yaiza Herrera se quedaron en situación de desempleo. “Eso lo trastocó todo porque teníamos previsto estar fuera del país un mes y al estar en paro no podíamos hacerlo más de 15 días, así que nos pusimos a buscar soluciones”, contó Herrera, natural de Las Palmas de Gran Canaria.
La ONG Namaste fue la alternativa elegida. Tal vez las casualidades de la vida o el propio destino hicieron que la labor que realiza esta organización con niños discapacitados nepalíes, en la ciudad de Hetauda, llegase a las manos de las canarias, quienes nunca más pudieron desprenderse de la idea de dejar el turismo por el voluntariado, “que se ha convertido en el verdadero fin de nuestra visita”, afirmó la aruquense Dulce Matos.
Todo estaba dispuesto para partir el pasado mes de septiembre. La cosa parecía ir a pedir de boca, hasta que se produjo un segundo cambio de dirección y nunca mejor dicho, ya que Yaiza, Dulce y Yésica eran pasajeras del vuelo de Iberia que tras unos minutos en el aire aterrizó de nuevo en Gando. “Nuestra única preocupación era que los niños del orfanato de Hetauda iban a seguir más tiempo viviendo en las duras condiciones en las que ahora mismo lo hacen”, aseveró Yaiza Herrera.
Y es que dos días antes de su primer intento de llegar a Katmandú, las tres se pusieron manos a la obra para recaudar el máximo dinero posible y contribuir a la mejora de las instalaciones del hogar de acogida donde viven 30 niños con distintas discapacidades (visuales, auditivas, mentales) que “disfrutan mucho con poquitas cosas y no se quejan de nada”. En apenas 48 horas se hicieron con unos 800 euros que se emplearán en habilitar la cocina porque “ahora comen en el suelo”, explicó Herrera.
Aunque no hay mal que por bien no venga. A pesar de que Iberia les alteró todos sus planes, lo cierto es que el hecho de pasar más tiempo en la Isla les está permitiendo hacerse con más capital que irá íntegramente a Nepal. Ya que el principal objetivo de este proyecto de la ONG española es recaudar dinero para la finalización de las obras del edificio donde esperan acoger hasta 45 menores en un plazo de dos años, así como contratar personal cualificado y lograr adquirir materiales específicos como sillas de ruedas o audífonos, para paliar las discapacidades de los pequeños.
Las tres lo tienen claro en lo que a transparencia se refiere. “Vamos a colgar en una página web todos los gastos para que los que están colaborando con nosotras, que sobre todo son de Arucas, sepan en qué se ha invertido su dinero”, afirmó Matos, a lo que su compañera Yésica añadió que “nosotras vamos a aportar sobre todo las manos y el corazón”. Están ansiosas por pisar suelo nepalí, vivir con sus gentes, mirar con la perspectiva de otros ojos su cultura, “hacerse de nuevo niñas”, como dice la teldense, pasear por sus calles y “traerse más de esos chicos de lo que nosotras les vamos a dar”.
Ninguna ha hecho antes nada parecido, es por eso que además de mucha ilusión, también tienen sus miedos personales. Tal vez Yésica se sienta como pez en el agua porque tiene una hija de cuatro años, pero sus compañeras declararon “no estar muy acostumbradas a tratar con los más pequeños”. Un “reto importante” para Yaiza Herrera, si bien Dulce encuentra en esta experiencia la manera de “devolverle a la vida lo que nos ha dado, ya que en mi caso soy muy afortunada con lo que tengo”.
Namaste ofrece una gran variedad de alternativas para todos aquellos que quieran formar parte de esta iniciativa. No saben qué les deparará exactamente ni cómo irán afrontando el día a día con personas que tan solo han conocido la otra cara de la moneda: la del abandono y la pobreza. Puede ser que el espíritu de quien se da desinteresadamente a los demás perdure para siempre o que por el contrario, nunca más repitan, pero eran conscientes de que Nepal marcará un antes y un después en su existencia. Colaborar desde aquí con niños que son víctimas de la vida, también es posible desde canariascolaboraenepal.webnode.es.
 Fuente: TELDEACTUALIDAD
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