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La mañana es fresca y la humedad se respira limpiamente, paseamos por el Valle de Jinámar, donde buscamos la calle Fuente del Sao. Encontramos su inicio en la calle Cortijo de Belén y desde allí se proyecta con orientación Poniente Naciente hasta la Avenida de Joan y Víctor Jara, después de haber recorrido unos 450 metros, aproximadamente, y realizar un amplio giro hacia la izquierda.
Por el Sur convergen con ella las calles Balos y La Noria, mientras que por el Norte lo hace con las calles Lotus Kun Kelli, Fernando Sagaseta, Julio Caro Baroja y Camilo José Cela.
Esta nominación, al igual que la mayoría de las de los viales del sector, fue aprobada por el Ayuntamiento Pleno en sesión celebrada el día 25 de noviembre de 1994. Desde entonces ha pasado a formar parte del Callejero Municipal del distrito 3º, sección 11ª, den Censo de Habitantes y Edificios.
Sinopsis de la nominación 
Fuente del Sao, es un nombre popular dado a un lugar dentro de la gran Finca de la Condesa, ocupada hoy por toda la Urbanización del Valle de Jinámar, lugar ubicado en la falda Sur del Tablero del Conde. Allí existía un frondoso Sao, que es el nombre vulgar de un árbol perteneciente a la familia de las “Salix canariensis” o “Sauce canario”, al pie del cual brotaba una fuente de agua dulce que abastecía a gran parte de la población dispersa en el sector. Sus orígenes al parecer se ubican en los anales del siglo XVII, desde donde parte una leyenda que cuenta que fue en esta “Fuente del Sao”, donde encontraron unas jóvenes que iban a por agua, la primitiva imagen de la Virgen de la Concepción con el Niño en los brazos.
Al parecer una vez se ultimó la construcción de la primigenia ermita, la imagen fue trasladada allí pasando aquella bajo su advocación, hasta llegar a nuestros días como Patrona del barrio de Jinámar. Lo extraño dentro de esa leyenda, se inviste de un áurea místico o cuando menos, misterioso y es que, al parecer, a pesar de la considerable distancia entre la fuente y la ermita, el Niño aparecía por épocas mojado y manchado de barro… dicen que en la noche se iba a jugar a la fuente. Como leyenda tal, su argumentación no está verificada careciendo de la total credibilidad, pero que en cualquier caso queda ahí… cual algo tan hermoso como lo fuera la vida y convicción de quienes la contaron por primera vez.
A mi me llegó esta narrativa de labios de una gran persona, hoy fallecida y que por aquel entonces peinaba cerca de 90 primaveras. Sé que lo hizo con temple sin ningún tipo de fobia o fanatismo, pero eso sí… con muy poco interés propio, solo haciendo uso del talante de una buena conversada que nos echábamos en un mentidero junto a su casa, donde siempre predominó la corrección y el respeto.
Después de muerto Antoñito Torres, esa gran persona, he oído esta narrativa a varios vecinos más, sin que entre ellos hubiera relación alguna. Todos se refirieron siempre a que se la había contado sus mayores. Salix canariensis es un endemismo macaronésico presente en Canarias y en la isla de Madeira. Se trata de un arbusto o árbol pequeño, con hojas de oblongas a lanceoladas y estipuladas, verdes en el haz y pubescentes en el envés y que suelen estar deformadas por agallas. Flores unisexuales, dispuestas en amentos de hasta 6 cm de largo. Se conoce como “sao o sauce canario”. Esta especie se incluye en el Catálogo de Especies Amenazadas de Canarias, como de interés especial, en las islas de Gran Canaria, Tenerife, La Gomera, El Hierro y La Palma.
Toponimia del barrio
La toponimia que da origen al barrio de Jinámar, se define como la del nombre de un poblado aborigen prehispánico, sin que se sepa cual puede ser su traducción, y en todo momento, esos inicios le asocian con el de una aldea de pacíficos artesanos que al parecer se denominaba La Ollería, y en la que tropas de Juan Rejón ocasionó una gran masacre entre la población de mujeres, niños y ancianos. Ese lugar hoy se recuerda con la nominación de un vial como La Matanza.
Durante mucho tiempo Jinámar fue el primer núcleo poblado del municipio de Telde, que se encontraba cuando transitabas por la Camino Real al Sur en el siglo XVIII, posteriormente la Carretera al Sur durante el siglo XIX y en siglo XX la Carretera C-812 (hoy GC-100) y que todas durante sus diferentes nominaciones condujeron y conducen hasta el Puerto de Mogán.
Entre San Cristóbal y Jinámar, no encontrabas ningún tipo de edificación, con lo cual al llegar a Jinámar, la parada era obligada para dar agua a las bestias que tiraban de los carros, poner agua a los viejos motores de los transportes públicos o estirar las piernas, ya que, estos viajes solían durar algo más de medio día en algunos casos. Era la “Casa de Postas”.
No obstante, el Valle de Jinámar, es una gran urbanización que se construye en la segunda mitad de la década de 1980, en lo que fuera la hermosa Finca de la Condesa, un lugar señero en los procesos agrícolas que ha vivido el municipio de Telde, durante varios siglos, y que experimentaba una gran frondosidad y fertilidad, debido al mimo que en ella pusiera el Sr. Conde de la Vega Grande y Guadalupe, Don Agustín del Castillo y Bethencourt, al dotarla de los sistemas de riegos y edificaciones anexas al emporio agrícola que rodeaba su gran mansión, poniendo en funcionamiento la noria con motores de nueva concepción a finales del siglo XIX.
Han sido incompresibles o cuando menos disparatadas, las intervenciones que en nuestro municipio ha tenido el Gobierno Español en connivencia con los propietarios de ciertos lugares en los que la productividad agrícola era vital y sin embargo se dejaron de cultivar para proceder a la urbanización de los mismos, cuando en verdad existían terrenos colindantes con peores condiciones agrícolas que aquellos, ya sean en el Valle de Jinámar, en Las Remudas, o en la zona de La Estrella, para el caso da lo mismo, el crimen ecológico fue de la misma magnitud. Hoy lo que queda de aquella hermosa finca, es un número indeterminado de calles y edificaciones sociales donde se hacina una importante población del municipio.
Todo, absolutamente todo perece al paso inexorable del tiempo, a la consideración dispar de las distintas generaciones, a esa importancia que se resta a la trascendencia y a la herencia cultural que en aras de Patrimonio Histórico, Cultural o Medio Ambiental nos han legado las generaciones que nos han antecedido y ello, sólo nos lleva a la ignorancia y al desconocimiento de anteriores experiencias en las cuales bien pudiéramos educarnos para evitar la repetición de errores y pérdidas innecesarias de tiempo.
Pudiéramos aprender de esas vivencias lo que es más puro, algo que encasillamos como la cultura popular y los valores humanos, tal vez, por creernos más inteligentes que aquellos que ya no están, como si nosotros fuéramos a estar siempre, aunque en verdad la sabiduría de muchos dependa de un ordenador y el bienestar de la electricidad, sin esos elementos fríos y volubles, muchos se morirían de hambre ante la realidad o dependería directamente de sus semejantes para mal vivir.
Efemérides
Hoy se cumplen precisamente 205 años, de aquel 18 de octubre de 1807, fecha en la que el general francés Junot entra en España con sus tropas, apoderándose de casi todo Portugal, haciendo huir a Brasil a todos los soberanos portugueses. Napoleón, triunfante en Europa, fija su codiciosa mirada sobre España, obligando al rey español Carlos IV, para que sea su aliado en la conquista de Portugal. Este es el pretexto que utiliza el ambicioso Emperador para invadir la Península. A esta política de Carlos IV, instigado por su favorito Godoy, se opone su hijo, el Príncipe de Asturias Don Fernando. Continúan entrando tropas francesas en España, hasta unos cien mil hombres, al frente de los cuales pone Napoleón a su cuñado el general Murat.
Mientras parte de los ejércitos invasores ocupan el norte, un tercer ejército atraviesa los Pirineos Orientales y entra en Cataluña. Godoy, inquieto ante las numerosas fuerzas invasoras, empieza a recelar de las intenciones de Napoleón, tratando infructuosamente de salvar la situación. El Pueblo, con su claro instinto, nota algo anormal el constante movimiento de tropas extranjeras por el suelo español y se manifiesta en contra de la política de Godoy, amotinándose en Aranjuez contra el favorito del Rey. Aumenta con esto el partido fernandista y, temeroso Carlos IV, destituye a Godoy y abdica en su hijo Fernando el 19 de marzo de 1808.
Cinco días más tarde, entra en Madrid el nuevo monarca Fernando VII, haciéndole los madrileños tal reconocimiento, que desde la Puerta de Atocha, por la calle de Alcalá, hasta el Palacio de Oriente, tardó seis horas. Murat, que ha entrado con sus tropas en Madrid veinticuatro horas antes, no reconoce oficialmente al nuevo Rey y convence a Carlos IV para que dirija una carta a Napoleón, negando la validez de su abdicación. Mientras tanto entretiene a Fernando VII, con la promesa que Napoleón en persona viene a verle. En Madrid, el ambiente es muy hostil hacia las fuerzas francesas y en una atmósfera cargada de inquietudes, llegamos al glorioso día del 2 de mayo de 1808 y el inicio de la Guerra de la Independencia que no finalizaría hasta diciembre de 1813.
Un día tal como hoy, hace ahora mismo 133 años, es decir el 18 de octubre de 1879, el líder del recién creado partido Bombero, Don Antonio López Botas, publica en la prensa de la isla de Gran Canaria un manifiesto fundacional de esta agrupación política, cuyo nombre le viene de haberse constituido en los cuarteles del cuerpo de bomberos de Las Palmas de Gran Canaria. En este manifiesto, entre otras cosas, decía: “Es doloroso el estado en el que hoy nos encontramos. Contra un partido se alza otro partido; enfrente de una fracción se organiza otra fracción; al lado de una personalidad, se levanta otra personalidad y todos creen, también, contar con fuerzas suficientes para defender los intereses de Gran Canaria, sin tener en cuenta que la fiebre política que los devora ha de acabar, irremisiblemente y en un período más o menos largo, con la honra y la gloria de la patria. Para evitar estos males que vemos aparecer en el horizonte, nos hemos congregado para trabajar por la reconciliación de todos los hombres que amen al país, desplegando la bandera de la unión y la concordia”.
El lema del partido Bombero que lideraba López Botas, reseñaba vigorosamente: “Todo por Gran Canaria”. La actualidad en nuestras islas se nos antoja un retroceso en el tiempo, una díscola y ficticia realidad de prosperidad en el paso de la historia. Seguimos con las mismas cantinelas y el afán de protagonismo político de unos cuantos, mientras el tiempo pasa y los problemas se agudizan, revirtiendo negativamente en unas zonas más que en otras, aunque digan defender la unidad autonómica. Nos declaramos enemigos unos de otros dentro de la misma casa, pero si se hubieran de fraguar alianzas para vencer electoralmente, nada de lo dicho o lo hecho tiene valor testimonial alguno y, aquellos que se insultaban luego comen en el mismo plato, pero los responsables y los culpables de que esto suceda lo tenemos usted, yo y aquel otro que con nuestros votos amiguistas o con nuestras abstenciones propiciamos sus estadías.
Tratando de buscar una correlación con el Sao, ese protagonista de hoy, remontamos nuestro pensamiento al Valle de Agaete, al final del mismo, donde precisamente existe un lugar denominado El Sao, con un espléndido mirador cuasi natural desde el cual se contempla una hermosa panorámica del valle hasta el mismo mar. Allí junto a lo que queda de aquel Hotel de Los Berrazales, pudimos admirar un bonito ejemplar de sao, en la misma orilla de la carretera de acceso al lugar.
Recordamos la última visita a este sitio, acompañados de Ulla prima de mi esposa y de Jean el marido de aquella, ambos daneses, los cuales quedaron admirados de la hermosura del valle y de cuantas especies componía la flora del sector. Se volvieron locos sacando fotos y contemplando todos los espacios, luego nos manifestaron la envidia sana que nos tenían por la dicha de vivir en este paraíso, con un clima ideal, con una radiante luz que embellece los colores y como no, con nuestra gente, cuya sencillez y hospitalidad les admiró.
Jean es un gran aficionado a la botánica, conoce muchas especies vegetales, se enamora al igual que Ulla de los espacios naturales, a los cuales saca la esencia de su belleza, como ocurriera más abajo, en el Parque Arqueológico de El Maipes, donde contemplaron por más de una hora todos los pequeños detalles del mismo, los cuales querían llevarse impresos en sus fotos.
Pensando en aquella jornada, comprobé que la sensación de la contemplación de la que siempre hemos sido un fervoroso practicante, no es patrimonio de personas llanas o de poca perspectiva, todo lo contrario, cuando observas con detenimiento el entorno en el que te mueves y respetas la idiosincrasia del mismo en todo su contexto, es cuando realmente ves el bosque y los árboles, es cuando puedes valorar la belleza de las cosas y no mirar sin ver, como aquellos a los que los árboles no les permiten ver el bosque.
Lamentablemente, esta última consideración se suele dar muy a menudo, se resta importancia a los bienes y valores naturales, se permite la destrucción de los mismos o se les sustituye por otros erróneamente más modernos y donde hubo vida, sólo queda el recuerdo, ya que, lo actual carece generalmente de ella. Es el incomprensible proceder de quienes permitieron la transformación de aquellas hermosas fincas del Valle de Jinámar, Las Remudas o La Estrella, entre otras tantas que conformaban la frondosa Vega Mayor de Telde y en pos de un modernismo malentendido, de una evolución errónea o de una prosperidad detractora, permitieron convertir aquellas en frías urbanizaciones.
Tenemos lo que nos merecemos, unos políticos faltos de visión de futuro, un futuro basado en cambiar lo que hay sin más, sin pararse a pensar en la sostenibilidad de esas cambiatinas, la cuales en el mejor de los casos son pobres y abogadas al fracaso en unas pocas décadas, sin que esto a lo mejor importe bien poco o cuando no, por hacer el cardo gordo a algún hacendado, que luego les prebende debidamente por favorecer su enriquecimiento y liberación de las obligaciones que tenía en el mantenimiento de su patrimonio.
En estos casos se da la dualidad de matar la vaca para comer carne, sin pensar en que mañana no tendrán terneros, queso o leche que les alimente. Es el salir alocadamente del paso, sin perspectiva de futuro y sin esa sostenibilidad tan necesaria como imprescindible en el vivir cotidiano. Nosotros guardamos en nuestra gena la parte positiva de ello, nos la echamos a la espalda y emprendemos una nueva caminata hacia el Suroeste, nos vamos al barrio de Lomo de la Herradura, donde visitaremos la calle Haití, pero bueno… eso será en la próxima ocasión, si Dios quiere, allí nos vemos.
Sansofé.
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