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El pregonero de La Concepción resalta que el colegio de Jinámar fue pionero en
El profesor jubilado y escritor de literatura infantil y juvenil Joaquín Nieto Reguera aseguró esta noche en la  iglesia de Jinámar, en el pregón de las fiestas La Concepción y la Caña Dulce, que el hoy colegio público José Tejera, del que fue director durante cinco años, destacó por ser pionero en la lucha “por romper esquemas en la atención al alumnado en las aulas” y se colocó “a la vanguardia de iniciativas pedagógicas”.
La lectura del pregón tuvo que trasladarse de la plaza pública al interior del templo jinamero debido a la lluvia y al viento. El acto se retrasó más de 30 minutos sobre el horario previsto  (20.00 horas) para su comienzo. Fue presentado por Pablo Hernández, miembro del patronato organizador de las fiestas, y luego María José Arjona, exalumna de Nieto,  hizo una breve reseña de “don Joaquín” como era conocido entre los escolares del CEIP José Tejera,
Nieto, que estuvo muy ligado Jinámar, barrio al que llegó en el curso 1983-1984 y donde estuvo dando clases hasta 1989-1990, admitió, en su amplio repaso por lo acontecido en aquellos momentos de trascendentales cambios sociales y en el ámbito escolar, que fue allí “donde realmente me impregné del magisterio, donde se despertó en mí definitivamente mi amor por la enseñanza y en ello intervinieron mis compañeros maestros, mis alumnos y toda la comunidad educativa. Jamás podré pagarles tanta ayuda y tanto cariño”, dijo el pregonero.
El exprofesor tuvo palabras de reconocimiento para el movimiento social de Jinámar por su “tesón y lucha” para conseguir mejoras para el barrio.
En la parte final del texto, Nieto hizo un llamamiento para que la crisis no afecte a la inversión en educación. “Quiero afirmar con rotundidad que la educación no es tema baladí, que estamos hablando del futuro de nuestros hijos, de la sociedad del presente y del futuro, que los espacios ganados en la lucha por una escuela canaria mejor, no pueden obviarse y/o paralizarse por mucha crisis que haya, que invertir en educación es apostar por un bien social que mejorará nuestras vidas. Que la educación es nada más y nada menos que la plataforma que posibilita una sociedad más justa, más entregada y más madura”.
Acabó el pregón deseando “unas fiestas cargadas de felicidad, que no decaiga el ánimo por los momentos difíciles que estamos viviendo y que vivamos la alegría de estos días disfrutando como siempre hicimos en este pueblo y en nuestro colegio”.
Después del pregón, al que acudió una nutrida representación de autoridades municipales, encabezada por la alcaldesa Mari Carmen Castellano,  y de vecinos, hubo una actuación musical. Entre los asistentes, próximo al centenar, se encontraban ediles del Gobierno y de la Oposición, así como el consejero insular Francisco Santana y el nuevo secretario general de la Agrupación Socialista, Alejandro Ramos.
Pregón de las fiestas La Concepción y la Caña Dulce 2012
 Autoridades, compañeros docentes, antiguos/as alumnos/as del CEIP José Tejera, amigos y amigas, vecinos de Jinámar. Buenas noches a todos los asistentes a este Acto del Pregón de las Fiestas de la Concepción de Jinámar y La Caña Dulce 2012.
 
Quiero agradecer a la Comisión de Fiestas la elección de mi persona como pregonero de este año, pues me han hecho sentir muy honrado y feliz, a la vez.
 
Nace este pregón marcado por la causa educativa, pues si estoy aquí en este momento, no es por otra cosa que por mi condición de maestro durante la década de los ochenta, en esta localidad a la que me unen sentimientos muy afectivos, ya que seis años compartí la docencia con la tarea de director del antiguo Colegio Fernando del Castillo y cuyo nombre pasó a rotularse, también en esa misma época, con el nombre Colegio José Tejera Santana. Quiero, por tanto, agradecer a mis alumnos el interés que han hecho llegar a la Comisión de Fiestas para que yo realizara este año la función de pregonero.
 
Comenzar estas afamadas fiestas hablando de educación es prometedor y toda una declaración de excelentes intenciones por parte de la Comisión, quien ha visto en este humilde educador, ya separado además de la tarea a pie de aula, un portavoz de una causa que todos entendemos no debe flaquear en el intento de arrastrar a la sociedad, aunque suene a utopía (bendita utopía, diría yo). Momentos difíciles de noticias nada halagüeñas para el sector nos acompañan, tanto en lo referente a resultados educativos en los procesos de enseñanza – aprendizajes, como en los recortes que sucesivamente se anuncian, debido según dicen los mandatarios a la crisis que azota este país nuestro. Así y todo agradezco también esa sana intención y además la posibilidad de expresarme hablando de educación y de que, por una vez, suene nuestra profesión para rememorar buenos momentos vividos en la tarea más noble que existe, la de enseñar a ser a los jóvenes en el futuro personas honradas, buenos ciudadanos y miembros solidarios de un mundo más justo.
 
De Jinámar, antes de mi llegada, sabía y conocía poco. En mi niñez, los ecos de la Sima que a escondidas me llegaban de adultos recelosos a la hora de hablar de tales horribles crímenes. Pasos obligados hacia el sur observando desde el coche la belleza de una finca interminable para la visión. Ya pasados muchos años, la noticia impactante de la venta de la hermosa Finca de la familia de la Vega Grande, para la construcción de una enorme urbanización con destino a albergar a personas necesitadas de hogares de todos los lugares de la Isla. Y como no, desde mi niñez también, la convocatoria en Las Palmas de Gran Canaria, del afamado Pepe Caña Dulce, pregonando cada año las fiestas populares de este lugar.
 
Ya, con la condición de profesional del magisterio, rememoro el nombramiento público de los docentes para ocupar las vacantes de estas localidades. Ocupar aula en el Colegio del Pueblo era tarea harto difícil, pues era centro apetecible por su condición de comarcal, con alumnado muy tranquilo procedente del casco y de los barrios colindantes.
 
Otra cosa fue con el paso de los años la ocupación de vacantes en los colegios del denominado, por entonces, Polígono, y ahora Valle de Jinámar. El Colegio Fernando del Castillo y del Castillo, o sea el Colegio del Pueblo de Jinámar, ocupaba, en la década de los ochenta, un solar de los llamados del RAM (Obras de Reformas, Ampliación y Mejora) y las antiguas Aulas del Cascajo, de las denominadas Casas Escuelas, donde vivían algunos de los Maestros y Maestras destinados en el propio Colegio.
 
Mientras, ejercía yo a principios de los ochenta, la dirección de un centro en Arguineguín. Mi esposa, Alicia, a causa del colegio de mis hijas, concursó para acercarse a Las Palmas y tuvo la fortuna de ocupar vacante en el Colegio Fernando del Castillo.
 
Recuerdo nuestras conversaciones sobre las bondades del Centro, de los compañeros y de los niños. Me hablaba de una lucha valiente y decidida de todo el Pueblo por tener un Colegio digno, de encierros en el Ayuntamiento, de visitas continuas a las autoridades exigiendo la causa justa y como no la agradable buena nueva de la anhelada victoria final al obtener el nuevo centro.
 
Recuerdo, también, perfectamente, la anécdota que me contó el día de la inauguración del nuevo edificio. Habían acudido las autoridades educativas y municipales. Se había concertado, desconozco el motivo, un acto casi privado al que no acudirían, ni el profesorado, ni el alumnado. Algo extraño que yo no terminaba de entender desde la distancia y mi condición de director. Pero yo no fui el único que no lo entendió así, pues un maestro llevado por su satisfacción, en medio de aquel acto, se saltó el protocolo y la ventana de su aula, y subiéndose a la azotea del nuevo colegio, rompió una botella de champagne contra los impolutos muros. Ese signo de la alegría y de la victoria por una lucha justa, marcó durante muchos años la fachada del nuevo colegio como emblema y símbolo a perpetuar: “La lucha por una causa justa siempre tiene su recompensa”, decíamos cuando nos preguntaban los chicos.
 
Tanto influyó Alicia en mí y tan bien hizo el trabajo de acercar a su marido que en septiembre de 1983 ocupé otra de las apetecidas plazas del Colegio Fernando del Castillo, con el fin de impartir al alumnado de la Segunda Etapa, entre otras, el área de Lengua y Literatura.
 
Yo fui, por tanto uno de los maestros que tuvimos la fortuna de darle vida a las nacidas aulas del Colegio Nuevo, como así se le denominaba. Aquel año fue realmente satisfactorio y fructífero en todos los aspectos, incluido esencialmente el pedagógico. Las buenas referencias de primera mano que había recibido las constaté de inmediato. Por otro lado mi presencia fue muy bien acogida por el director don Aniceto Rivero (qepd), buen maestro y gran persona, por todo el profesorado y especialmente por mis compañeros Pedro Galván y Victoria González. Y permítanme que en este punto los haya nombrado específicamente, porque tuvieron mucho que ver en mi integración en el centro y en el sentimiento de amor ganado para la docencia. Los chicos y las chicas fueron, además, adorables y también pusieron todo de su parte para hacer que me sintiera a gusto en aquella nueva casa, que poco a poco me fue cautivando y ganando para la tarea educativa.
 
Recuerdo con gran cariño las fiestas, los fines de semana, en casa de Pedro Galván en el Cascajo y las largas conversaciones sobre la situación de la enseñanza en nuestra tierra y también en nuestro centro. Recuerdo el entendimiento, desde el primer momento, en el enfoque que la educación debería de tomar en aquellos años, que recordemos eran de tránsito de la dictadura a la joven democracia. No olvidaré, jamás, y permítanme que lo cuente en este momento, como en un arrebato del propio Pedro, me dijo algo que no esperaba y que luego se haría realidad: “Tú, Joaquín, serás el nuevo director; el que estábamos esperando para iniciar una nueva etapa”.
 
Estábamos, por tanto, en medio de cambios que no eran exclusivos de nuestra escuela. Recordemos que en los años ochenta se fraguaron muchos de esas reformas en nuestro país y también por ende en el mundo de la educación.
 
Me explico: Por un lado y de forma determinante se transfirieron en esa época las competencias de la educación nacional a las comunidades autónomas, con lo que por ejemplo la gestión y la administración dejaron de ser obstáculos inalcanzable para todas las comunidades educativas. Por fin, se había roto el muro del centralismo que tan lejano y duro se hizo durante épocas. Además, con los famosos Pactos de la Moncloa, el Presidente don Adolfo Suárez inició el camino de dirigir el sistema educativo hacia los estándares de los países europeos, donde ya llevaban años de adelanto tanto en el nombramiento, como en las tareas democráticas de los cargos directivos, así como en la participación en la toma de decisiones de manera colegiada entre los miembros de las comunidades educativas –léase profesores, padres, alumnos y personal de servicio. Estoy hablando de la LOECE como punto de partida y el progresivo camino hacia la LODE que tanto bien hicieron por la escuela pública.
 
Es en ese contexto, como a principios del curso 1985/ 1986, se presenta la alternativa democrática, por parte de un grupo de compañeros y compañeras, de que mi persona encabezara una candidatura a la dirección del Colegio Fernando del Castillo y del Castillo.
 
Como objetivo e ideario se había acordado:
 
Aprovechar la rica historia de Jinámar para trabajarla y consolidarla. Y a partir de ahí abrirnos al resto del mundo. Comencemos por la más cercanos, decíamos.
 
Abrir las puertas del centro a la participación de todo el pueblo. Rompamos los muros que nos separan, decíamos.
 
Hacer de nuestro centro un modelo de escuela canaria creativa y basada en valores. Los valores han de ser el principio y fundamento de la educación en nuestro centro, decíamos.
 
Engancharnos al carro de las reformas educativas que el momento político del Estado nos estaba brindando en bandeja de plata. Una vez embarcados en el avance, seguiremos renovándonos para estar siempre en la avanzadilla, decíamos.
 
Y como no, algo muy importante que no quiero obviar que aquel centro fuera un referente feliz para todos los que vivíamos en aquella casa. Que quien no encuentre la felicidad en su hogar la halle en este hogar que es de todos, decíamos.
 
Como ya conocen o supondrán, las elecciones se ganaron, no fácilmente todo hay que decirlo, pues hubo que repetirlas al detectarse, por parte de la Administración educativa, errores de formas en el proceso. Y desde ese mismo momento me encontré enfrascado en la tarea de conseguir, desde la dirección del centro y con mis compañeros, los objetivos que habíamos programado.
 
Sabía que la tarea no iba a ser fácil, pero estaba seguro de que no fracasaríamos, pues contaba con el apoyo de mis compañeros de la plataforma, de muy buena parte del Claustro de Profesores, de los miembros del Consejo de Dirección, de la Asociación de Padres y Madres, de los jóvenes y el de los movimientos sociales del Pueblo, lo que en buena medida auguraba un arranque más que prometedor. Era mucha la esperanza y muchas las ganas de cumplir con lo programado.
 
Mi llegada a la dirección fue bien acogida en general, así lo detecté por ejemplo cuando padres y madres hacían colas, y esperas, ante el despacho los miércoles por la mañana en horario de dirección, simplemente para conocerme o para hablar conmigo de cuestiones diversas, que muchas veces no tenían que ver con la educación de sus hijos.
 
Yo me sentía halagado por tantas muestras de cariño y arropamiento, tengo que reconocerlo, pero además sentía, día a día, que aquellos objetivos se iba consiguiendo. Me resultaba fantástico e ilusionante irlo detectando en cada paso que dábamos, en cada convocatoria para los encuentros, en cada decisión a tomar…
 
Ese nuevo curso se incorporó, además, mi gran amiga la Señorita Inmaculada Rodríguez Fleitas, a la sazón hija de este Pueblo y compañera de docencia en Mogán años atrás, con quien tanto mi propia mujer e hijos ya habíamos confraternizado. La Señorita Inma jugaría, también, un papel muy importante en los logros de aquel equipo humano. Siempre tendremos que estarle muy agradecidos.
 
Pero volvamos a los inicios del curso que fueron de una tranquilidad absoluta hasta que la entrega de nuevas viviendas en el Polígono de Jinámar, en Octubre del año 1985, hace que el centro dé un cambio radical en sus estructuras, al pasar de ser comarcal a convertirse en un colegio zonal que triplicó la matrícula y que dio lugar a una masificación insospechada.
 
La nueva situación escolar acarreó más de un quebradero de cabeza. Profesorado de nueva incorporación al que había que insuflarle las ideas ya asumidas por todos. Alumnado procedente de otros centros educativos con idearios y comportamientos diferentes al nuestro. Padres y/o Tutores sin vinculación a la historia y al modelo educativo de nuestro colegio. Espacios y estructuras insuficientes para dar cabida a tanto alumno. Aquel Colegio, que llamábamos Nuevo, se hizo veterano a la fuerza.
 
El mundo y su realidad nos había colocado, sin esperarlo, en el filo de un acantilado. Pero sobre todo aquella idea de los mandatarios que pensaron que ubicar en Jinámar una gran masa poblacional, con una realidad social tan diversa y a la vez tan necesitada, abandonándola a su suerte, sin medios, sin recursos y sin servicios adecuados, fue una bomba en la línea de flotación de la nueva sociedad creada y como no en la de las instituciones a su servicio, entre ellas la de la propia escuela. Esa decisión política fue tan desafortunada y de tal calibre que ahora, treinta y tantos años después sigue sin encontrar salidas.
 
Tengo que decir que, a pesar de ello, la respuesta de la máquina educativa no se hizo esperar. Había que afrontar la nueva realidad enfrentándonos a los contratiempos. El Claustro de Profesores, con una buena formación académica pero novatos en la formación específica y adecuada a tanto déficit social, asumió el reto a pecho descubierto. Se fortalecieron los objetivos que nos habíamos trazado, el Consejo de Dirección formado por personas con ideales progresistas se volcaron en el empeño de sacar adelante aquel nuevo reto, el alumnado se fue amoldando a las muestras de cariño y dedicación de sus maestros y compañeros. Todo ello dio lugar a una integración feliz, al acoplarse el engranaje, para satisfacción de todos los sectores.
 
¿Y cómo lo conseguimos?, me he preguntado tanta veces cuando pienso en ello. Con dedicación, con muchas luchas, con esfuerzo, con coraje, con interés, con cariño, con infatigable esperanza, con motivación, con ganas de hacer escuela, sin desmayo y porque estábamos convencidos de que ese era el camino elegido era el correcto y que debíamos y estábamos obligados a echarnos a caminar sin descanso.
 
Aquellos años fueron muy duros pero muy felices. Fueron años de mucho trabajo de aula teniendo siempre presente la riqueza de los valores a insuflar.
 
Fueron años de novedades, de salidas al exterior de los muros del centro, de visitas pedagógicas para aprender que fuera de nuestras verjas también existía un mundo por descubrir al que muy pronto todos accederían.
 
De excursiones para ver la naturaleza, para impregnarse de la vida natural, para apreciar los olores de nuestra tierra y aprender que una patria se gana y se ama conociéndola y viviéndola.
 
De acampadas para socializarnos y entender que solo integrados y apoyados en los demás nuestra vida tendría sentido.
 
De caminatas hacia un destino inolvidable que una vez al año era de rememoración y respeto por los que ya no están y que la Historia guardará en sus memorias como iconos de la lucha por la libertad.
 
De sueltas de cometas al viento, en un intento de llenar nuestro cielo de colores y diversidad, o de palomas blancas, unas veces de verdad, y otras de papel blanco como símbolos de la paz.
 
De transmitir valores encaminados a respetar las tradiciones y a amar lo nuestro. Así ocuparon lugar los talleres donde las manos se ejercitaban como lo hacían nuestros antepasados para que jamás sus habilidades y conocimientos quedaran en el olvido.
 
De carnavales, máscaras y alegría, de murgas de escenario, de entierros de sardinas y de su paseo por el Cascajo en duelo, como merecía la ocasión y también la tradición.
 
De continuar vinculando el Centro a estas fiestas que cada año tienen lugar a principios de diciembre y donde la Virgen de la Concepción es motivo de devoción. De una romería, ganada de la tradición, y ofrenda floral, donde los niños del colegio, ataviados a lo canario ofrecían las rosas de los invernaderos de Germán Jiménez (epd). Tengo que decir que me alegro mucho de que este acto se haya perpetuado como tradición gracias al esfuerzo de los maestros actuales, quienes lo han enriquecido al consolidarlo con romería solidaria, o sea con recogida de alimentos para los más necesitados.
 
De estas fiestas de la Concepción y La Caña Dulce y su parte lúdica con chiringuitos para sacar fondos para los viajes de fin de curso, donde los padres participaban sin desmayo ¿Existía una manera mejor de despedirse de sus años en el Colegio que pasar unos días en camaradería en otros lugares y ambientes? Lanzarote, La Graciosa, Andalucía…
 
De escalas en HIFI como el teatro de la vida, con jóvenes actores que soñaban con ser artistas.
 
De campeonatos de fútbol, de baloncesto, de balonmano, de partidos entre profesores y alumnos.
 
De creación de palmerales que aún persisten como ejemplo para nuevas generaciones. Allí hay un letrero rotulado que dice : Palmeral del Colegio José Tejera Santana” y en letras que no se leen pero que suenan entre voces de alegría, dicen: “Aquí cooperé yo. Este palmeral nació del amor y del esfuerzo de muchos amigos y amigas”.
 
Y de canciones inolvidables, como inolvidable será para todos quienes lo vivimos y para siempre “Al Alba” de Pedro Galván.
  
El colegio latía y resumía vida por sus cuatro costados. Se había convertido en un centro con las puertas abiertas y con corazones entregados, que era lo que deseábamos.
 
Era un lugar donde la actividad no cesaba. Una vez terminada la jornada escolar ordinaria, comenzaban las actividades deportivas. Cuantos chicos y chicas, guiados excelentemente por jóvenes cooperadores del centro, ocupaban las canchas para pasar la tarde y el anochecer alegremente, haciendo deportes o integrados en las oportunidades que ofrecía la Asociación de Padres y Madres.
 
Excelente labor la de todos ellos. Desde este foro mi agradecimiento por su entrega a Doña Carmen Rodríguez, Presidenta de la Asociación de Padres y Madres y a toda su Junta Directiva y como no a los hermanos Juan y Pablo Rodríguez, a José Cedrés, a Chago, todos ellos dedicados en cuerpo y alma a sacar adelante a tantos jóvenes deportistas que dieron muestra de su valía en los campeonatos insulares y regionales.
 
Todo se conseguía a base de lucha y tesón. El Colegio José Tejera estaba a la vanguardia de las iniciativas pedagógicas y las demandas a la Administración. En mi paso por la Inspección de Educación, años después, quien fuera Inspector de nuestro Centro en aquella época, me confesaba en una ocasión que la solicitud presentada por la comunidad educativa para iniciar la jornada continua los viernes, había sido la avanzadilla inicial que terminó con la aprobación del modelo de jornada en todo el resto de Canarias.
Cuanta comprensión y apoyo nos dio el Consejo Escolar. Cuantas horas de trabajo y de batallas en tantos frentes. Cuántas iniciativas populares salían de aquellas sesiones que repercutían en la buena marcha de nuestro centro e indirectamente en el resto de la educación del Valle de Jinámar. Mi agradecimiento a todos los miembros de dicho Órgano Colegiado. Fueron tantos los nombres que sería imposible citarlos a todos, que me perdonen, pero valga en representación de todos los demás, aquellos que emprendieron el camino y que siguen en nuestras memorias como ejemplo de coherencia en la lucha por las causas justas. Mis honras y recuerdos para nuestros queridos y admirados compañeros y a la vez amigos don José Henríquez (Pepito el Conserje), don Juan Tejera Santana, don Juan Rodríguez Betancort y don José Arjona.
 
La lucha por romper esquemas en la atención al alumnado en las aulas obtuvo su fruto el día que el Claustro de Profesores aprobó el cambio de modelo de funcionamiento. Desde el día siguiente las aulas se convirtieron permanentes para el profesorado y el alumnado rotaría, con lo que se conseguiría definitivamente la propuesta de la Señorita Victoria y de don Pedro, con sus seminarios y departamentos. Hago un paréntesis para mencionar de entre ellos el departamento de orientación pedagógica y profesional, cuando aún la Consejería no había dado vida a los suyos. Avances pedagógicos con la mirada puesta en la educación secundaria. Era la fórmula, además, de que los especialistas contaran con sus aulas de referencia y el alumnado de la segunda etapa se fuera preparando para su marcha hacia los institutos.
 
A decir verdad tardé en acostumbrarme a este nuevo modelo de trabajo. Incluso confieso que molesto por el ruido ocasionado en los pasillos y por la tardanza en hacer el cambio de aulas, quise dar marcha atrás, lo que me costó aguantar como pude el disgusto de los profesores y el de todos el alumnado que a la mañana siguiente, a las nueve en punto, se plantaron en el patio sentados en las pequeñas gradas de las canchas e hicieron la primera huelga de alumnos de la historia del centro. Resultado: el director cedió y todos quedaron muy contentos. Al final, yo también, pues los chicos cumplieron los acuerdos y daban signos de que aprendían que reivindicar es derecho de todos y que a través de la lucha se avanza socialmente.
 
En el plano pedagógico recuerdo el estudio que hicimos de los Programas Renovados del Ministerio de Educación y Ciencia. Visto que no se adaptaban a nuestras objetivos y necesidades decidimos limpiarlos y adaptarlos a nuestra realidad. Meses después nos llevaríamos la sorpresa de que la Consejería de Educación pedía a todos los centros educativos de Canarias que revisaran dichos Programas y hacían un adelanto realizado por especialistas de la Administración. La sorpresa fue que coincidían con el trabajo hecho por el Claustro en más de un noventa por ciento. Llegamos a plantearnos si nos lo habían copiado. Confirmamos, por tanto en ese instante, que íbamos por buen camino.
 
Y en el plano disciplinar, en cuanto a los resultados académicos, conseguimos seguir en primera línea de éxito escolar de la zona educativa. Y es que cuando estábamos en clase se trabajaba sin desmayo, siempre comento la tarea tan eficaz del plantel de maestros y maestras de nuestro colegio. Una labor silenciosa de muchos pero eficaz, sin mostrar quejas por el trabajo y ocupados en lo que habíamos prometido, sin dejar de reconocer que el alumnado también ponía de su parte todo lo posible. Así se sigue haciendo en la actualidad y ahí están los resultados y las solicitudes de matriculación cada año.
 
Y en el plano social, además de las luchas por conseguir las intervenciones de los equipos de apoyo y multidisciplinares de la Consejería y del Ayuntamiento de Telde, el gran logro del comedor escolar, demandado por muchos padres y madres. Para muchas familias, supuso una gran ayuda. No eran tiempos de abundancias y aquel escape era un soplo de aire fresco. Cuanto agradecimiento para don Manuel Chavanel, abnegado y protector del alumnado, siempre al quite para sacar de apuros a tantas familias. Mi reconocimiento, admiración y recuerdo para él desde esta tribuna, así como para todo el personal de servicio destinado en la tarea.
 
El tiempo pasó inexorablemente, también con disgustillos, pero con muchas alegrías. Entre ella la más importante para mí, pues a pesar de que llegué al Colegio como Maestro no lo fui hasta que allí recibí la confirmación como tal.
 
Fue en el Colegio José Tejera, donde realmente me impregné del magisterio, donde se despertó en mí definitivamente mi amor por la enseñanza y en ello intervinieron mis compañeros maestros, mis alumnos y toda la comunidad educativa. Jamás podré pagarles tanta ayuda y tanto cariño.
 
Hace unos días en una red social, donde abrí un Taller de Literatura para Antiguos Alumnos del Colegio José Tejera, con cerca de 150 miembros ya, y donde nos encontramos para contarnos cosas y recordar nuestro paso por el colegio, Fabiola Pérez, tan pequeña entonces y ya tan bonita y a quien le despeinaba su coleta cada día con el enfado pertinente de su madre, colgó mis palabras el día que dejé el colegio para marcharme a la Inspección de Educación.
 
Me pareció tan extraordinario que veintitrés años después una alumna guarde como recuerdo mi nota de despedida, que me hizo sentir emocionado, orgulloso, pleno de satisfacción y de alegría a la vez. Dije yo entonces entre otras cosas;
 
Queridos profesores, padres y alumnos:
Después de seis años de permanencia en el Colegio, ha llegado el momento de despedirme. Naturalmente se me hace difícil hacer borrón y cuanta nueva cuando ha existido entre todos unos lazos tan fuertes de unión y compresión.
 
Me embarco en una aventura que no sé si constituirá un paréntesis o al contrario el principio de una opción de futuro, en todo caso, mi plaza de profesor estará siempre al lado de todos ustedes y al servicio de la comunidad educativa del Colegio José Tejera.
 
Haciendo balance de mi actuación, me guardo con gran cariño la vía de diálogo, apertura y participación y les insto a que entre todos salvaguarden los logros conseguidos y mantengan dicha línea como única capaz de resolver los tropiezos que se presenten.
 
Quiero, finalmente, dar las gracias a todos los compañeros que hemos formado esta piña, el Consejo Escolar, el Claustro de Profesores, la Asociación de Padres de Alumnos, los alumnos y el personal del centro.
Fue el año 1989, cuando dejé el centro. Nunca más volví a trabajar con mis compañeros, siempre decliné dicha posibilidad, incluso estando en la Inspección de Educación jamás quise ocupar la plaza de Inspector de Zona. Las razones para mí estaban muy claras, no quise volver como jefe donde había estado como compañero y amigo de tantos y porque siempre quedó en mí un sentimiento de cariño y agradecimiento por aquella familia que no deseé que por nada del mundo pudiera alterarse.
Ahora, alejado de la tarea de educar en primera línea y haciendo repaso a mi vida, pues aunque no tengo mucho tiempo me lo puedo permitir, quiero decirles que me siento orgulloso de haber vivido esta experiencia, que también me honra encontrarme con mis compañeros y amigos docentes y hablar de lo bien que trabajamos esa época, de lo bien que se sentaron los cimientos en el centro y de lo bien que lo hacen los maestros actuales, de ver a nuestros alumnos incorporados al mundo laboral en diferentes cargos y ocupaciones, de encontrarlos en los colegios como maestros defendiendo sus puestos de trabajo como grandes profesionales, de verlos como padres y madres de familias preocupados por sacar adelante a sus hijos y educándolos como ellos fueron educados en libertad y con una gran carga de valores, de comprobar como muchos de ellos se han integrado en movimientos sociales y en la entrega a los demás, en la lucha por los más desfavorecidos… ¡Qué orgulloso estoy de todos, nuestros alumnos y alumnas! Gracias, muchas gracias por devolverme tanta alegría. Gracias a todos los que formaron la comunidad educativa, a todos los sectores y fuerzas vivas de este Pueblo, gracias.
 
Y finalmente, siendo consecuente con mis palabras y mis enseñanzas como educador, con aquello que hemos enseñado de que en la lucha y la demanda está el logro, con todos mis respetos quiero decir a los Señores y Señoras mandatarios presentes de este Municipio, a los del resto de nuestra tierra y del Estado, quiero afirmar con rotundidad que la educación no es tema baladí, que estamos hablando del futuro de nuestros hijos, de la sociedad del presente y del futuro, que los espacios ganados en la lucha por una escuela canaria mejor, no pueden obviarse y/o paralizarse por mucha crisis que haya, que invertir en educación es apostar por un bien social que mejorará nuestras vidas. Que la educación es nada más y nada menos que la plataforma que posibilita una sociedad más justa, más entregada y más madura y que en eso no se puede flaquear ni tener dudas a la hora de administrar. Les animo, en definitiva, a asegurar el futuro de los jóvenes canarios invirtiendo en educación y eso no se consigue desde el miedo y desde el recorte.
 
Quiero despedirme, una vez más -ésta también dejando la puerta y la vuelta siempre abiertas- deseándoles a todos unas fiestas cargadas de felicidad, que no decaiga el ánimo por los momentos difíciles que estamos viviendo y que vivamos la alegría de estos días disfrutando como siempre hicimos en este Pueblo y en nuestro Colegio.
 
Viva la Fiesta de la Virgen de la Inmaculada Concepción y la Caña Dulce 2012. Vamos a disfrutar con alegría este encuentro anual.
 
Amigos y amigas. Muchas gracias.
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