El Jardín Canario participa en la investigación para recuperar la yerba muda de Jinámar

El Jardín Canario participa en la investigación para recuperar la yerba muda de Jinámar (Telde)
Estuvo a punto de desaparecer por la ambición del hombre. La yerba muda o corazoncillo de Jinámar crecía hasta los años 60 en la desembocadura del barranco de Jinámar en Telde, pero las actuaciones vinculadas a la construcción y la puesta en funcionamiento de la GC-1 modificaron el hábitat natural de esta especie endémica que a día de hoy solo existe en la Isla.
Ahora, cuando su existencia ha quedado reducida tan solo a unos 150 ejemplares, la Lotus kunkelii lucha por su supervivencia en los semilleros del Jardín Canario. Considerada en peligro de extinción, engrosa la lista del Catálogo Nacional de Especies Amenazadas así como la del Catálogo Canario de Especies Protegidas. Una delicada situación que se agrava con la exclusividad de la planta que hizo que esté incluida en la Red Canaria de Espacios Naturales Protegidos como Sitio de Interés Científico de Jinámar. 30 hectáreas delimitadas donde con mucho mimo y protección se preserva la vida de la yerbamuda.
Su recuperación forma parte de un plan elaborado por el Cabildo de Gran Canaria que “ha dedicado un enorme esfuerzo para que sobreviva la Lotus kunkelii, que es tan peculiar”, declaró María del Mar Arévalo, consejera de Medio Ambiente.
A pesar de que el objetivo final es claro: “reproducir masivamente la Lotus kunkelii”, según comenta Juan García, encargado del vivero del Jardín Canario dondea actualmente han germinado 73 ejemplares, lo cierto es que “es una lata reproducirla”, apostilló el viverista refiriéndose al laborioso y minucioso procedimiento que han de seguir para sacar adelante las pequeñas flores amarillas.
“Cualquiera no puede ir a Jinámar y coger corazoncillos, pues su recolección es muy delicada”, aseveró Alicia Roca, jefa de la sección de planta viva del Banco de Semillas.
Bajas temperaturas y sustratos Una vez la yerba muda llega al Jardín Canario comienza lo laborioso. “Primero se deja madurar un poco el fruto para que sea más fácil extraer las semillas, una a una, con unas pinzas”, explicó a La Provincia-DLP Roca.
Después los diminutos granitos, de no más de un milímetro de tamaño, pasan a ser pesados, medidos, calibrados, fotografiados y observados a través del microscopio electrónico.
Un recorrido en el que las trabajadoras del Banco de Semillas se arman de paciencia para velar por una buena germinación.
Un ligero corte y al congelador
En recipientes de vidrio de unos 15 centímetros, en la nevera 1, estante N, bote 252, compartiendo espacio con cápsulas de gel de sílice sintético para absorber la humedad, “los embriones” de la yerba muda permanecen varios grados bajo cero a la espera de salir de su letargo.
“El corazoncillo de Jinámar no tarda más de tres o cuatro días en brotar”, afirmó Felicia Oliva, quien participó en el plan inicial de recuperación. Ya sea con la sustancia nutritiva Agar al 1% o con la mezcla de sustrato artificial de sidra de coco, turba rubia, picón y perlita, lo cierto es que han superado el reto. “La gracia del viverista es superar los obstáculos y tras mucho trabajo por fin tenemos la pauta que nos permitirá reproducirlas 5.000 plantas que necesitamos para comenzar a restaurar el barranco, si bien las muestras que tenemos no son representativas de la población real allí existente”, detalló Juan García.
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