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Con la visita a la Noria de Jinámar el sábado 27 se dio por concluido el programa de conferencias de las II Jornadas de Cultura del Agua. El Patrimonio Hidráulico: del desuso al olvido, y viene como anillo al dedo, este lema ya que el emblemático ingenio hidráulico ubicado a un lado del Barranco de Jinámar de Telde, lleva en compás de espera, después de su magnífica operación de rehabilitación.

El histórico inmueble permanece cerrado, sin visitas programadas y deteriorándose en su exterior ya que al no haber mantenimiento estas cosas ocurren así.
Un valor patrimonial que por primera vez tuve el placer de visitar aprovechando que estaba comprendida dentro de estas II jornadas de la Cultura del Agua, y que en la primera ponencia impartida por Da. Amara Florido Casto, Los bienes patrimoniales hidráulicos. La herencia olvidada, se habló de su existencia como bien patrimonial dentro de los testimonios humanos y mecánicos, para extraer las aguas subterráneas que por estos bordes del barranco bajaba en cantidad, dependiendo de las reservas freáticas, que por aquellos años eran bastantes en cantidad y calidad.
Una sorpresa, excelente en unos aspectos, en otros bastante mejorable, y un grato y profundo recuerdo de esta visita que, desde la autovía en dirección al sur siempre me pregunté qué maneras tendría de acceder a ese monumento, cuya estructura, su techo octogonal en madera y los contrafuertes que dan a este lado que aparecía semi escondido, entres los palmerales, árboles y arbustos, que desde el mismo lateral se divisan secos, algunos yermos, y esa mañana del sábado tuve la respuesta a mi cuestión, por el propio interés de conocer y ampliar mis conocimientos sobre todo lo abundante, documentado y bien expuesto del mundo del agua en nuestra isla, que esta semana se impartió en estas charlas en la Casa Museo León y Castillo de Telde.
Ni es tan complicado su acceso, ni hay que poner puertas al campo, lo importante y necesario es que cuanto antes se nombre una comisión para poner en funcionamiento, rendimiento y obtener el máximo de atención a este valor de incalculable importancia histórica, como ejemplo de quienes de una forma singular y con las dificultades que presenta la orografía de nuestra isla se atrevieron a buscar el preciado líquido, necesario para la agricultura, el abasto y su explotación, como fuente de riqueza, sus consecuencias y avatares en la sociedad es otra historia, importante en su trayectoria por la industria hidráulica que generó y que bien se testimonió en la búsqueda de manantiales, minas, galerías, etc, origen de las primeras Grandes Heredades y sociedades de agua en Gran Canaria en el siglo XIX, que expuso magníficamente D. Ángel García García.
Este patrimonio no puede caer en el desuso, en el olvido, forman parte del amplio conjunto de elementos asociados al ciclo del agua, que han llegado hasta nosotros como testimonio de la vida social y económica de las gentes que habitaron nuestro medio, y aunque solo sea por el respeto a sus esfuerzos y sacrificios en unas formas de vida muy difíciles, su legado estamos obligados a conservarlo en perfecto estado y que las generaciones futuras tengan el mismo derecho a escribir su historia, su identidad y su conocimiento en base a una cultura heredada de antiguo, que no está reñida con los avances tecnológicos, sociales y económicos, pero forma parte de ella.
El marco natural que rodea este edificio hidráulico es de un atractivo paisajístico completo, situado delante de un grandioso farallón de basalto que muestra una de las formaciones geológicas propias de nuestra isla, un recinto que bien cuidado, ahora presenta un aspecto abandonado, y debidamente ajardinado, pudiera dar otra visión general a este espacio en el que podemos encontrar, palmeras, tarajales, acebuches, lenstiscos, cocolobas, adelfas, vinagreras, aulagas, etc, un camino que desde el acceso fuera del recinto es muy corto, y bien planificado se crearía un centro de interpretación, información y consulta que ya, en el interior del recinto de la Noria se explica con murales, la historia y funcionamiento de cada uno de los elementos que vamos encontrando en el recorrido.
Quizás se tenga que echar mano de la disculpa tan recurrente en estos tiempos, de que la crisis económica no permite su financiación o puesta en servicio para las visitas turísticas, desde luego la rehabilitación de todos los elementos interiores y su planificación con buenas posibilidades de diversificar su explotación son excelentes y, en otra de las charlas impartidas en torno a los trabajos de rehabilitación, el arquitecto D. Jorge Manzano Cabrera, y D. Valentín Barroso Cruz de Arqueocanarias, nos pusieron al corriente y durante la visita, de su ruinoso estado y el proceso, complejo y detallado proyecto arquitectónico rehabilitador, de conseguir la buena imagen que presenta ahora, aunque si no se hace un planteamiento de su finalidad y conservación, volverá a empezar el deterioro, como se aprecia en ciertos elementos exteriores, sobre todo maderas. Es un deseo generalizado de que, ya que se han hecho importantes inversiones en su conservación, pase a estudio su finalidad. Este legado patrimonial y su entorno lo merecen.
El IV Conde la Vega Grande, D. Agustín del Castillo Bethencourt (1805-1870) proyectó en su Hacienda la extracción de aguas subterráneas, de forma continuada como era práctica tradicional en Telde con la apertura con la apertura de minas de aguas en los barrancos o la captación de manantiales en las cumbres. Debido a la introducción y aumento de nuevos cultivos la demanda de aguas aumentó, hacia la 2ª mitad del siglo XIX y fue necesaria la búsqueda y captación de nuevas minas, galerías y pozos para satisfacer el regadío a estos cultivos, que hasta la década de los sesenta del siglo XX, la finca fue alternando diferentes tipos de cultivos como árboles frutales, cereales, viñas, frutas tropicales, cafeteros, algodón, tomateros y por último plataneras.
Hoy podemos admirar como lo hemos hecho en esta visita las características arquitectónicas y técnicas de esta gran obra hidráulica que consta de cinco elementos. Pozo, torre de mampostería, mecanismo de elevación de aguas, estanque y canalizaciones. Sobre el pozo y a partir de su brocal se levanta la bella torre de 18 metros de altura, en mampostería ordinaria rematada en sus perfiles y aros con cantería azul, de sección circularen su interior y ocho vértices exteriores que se corresponden a la base de las columnas a modo de contrafuertes, unidas al techo de la obra por arcos de medio punto. La torre queda unida al risco de la pared natural que se levanta a lo largo de este lado de la finca, por medio de un arbotante que servía de acceso a la plataforma superior para las bestias, y base para la canalización.
El pozo se realizó en el mismo margen derecho del curso del barranco de Jinámar. Tiene 13,9 m. de profundidad y 6 m de diámetro.
Desde el techo al fondo del pozo hay una distancia de 30 m. Alcanzó una producción de 15 l/s, posteriormente este caudal se duplicó con la construcción de dos kilómetros de galerías laterales. Técnicamente, el mecanismo de elevación de aguas es un malacate: artilugio de ruedas de hierro forjado que, impulsado por animales, se utilizaba para la extracción de aguas. Se diferencia de la noria, en que ésta disponía de cangilones. El malacate se movía a través de cuatro palancas en cruz impulsadas por bueyes. Con este movimiento circular se accionaban mediante cigüeñales y ruedas engranadas de desmultiplicación, las varillas o vástagos que tiraban de las bombas de pistón en el fondo del pozo en un movimiento de sube y baja.
De una importancia cultural enorme tratándose de la realidad histórica de unas formas de vida que marcaron el devenir agrícola de lo que, posteriormente, crearía el gran mercado de producción y comercio exterior del plátano y del tomate, otros tiempos vendrían en que las convulsiones mundiales y acuerdos comerciales cambiarían el ritmo socio económico de aquellas primeras aplicaciones técnico hidráulicas, pero lo que nos ocupa después de esta visita, excelentemente presentada por nuestros guías especializados, D. Jorge Manzano y D. Valentín Barroso, es conocer y llevarnos la idea de un tiempo, una sociedad y sobre todo la gran parte de la historia de nuestra cultura, identidades, el homenaje y recuerdo de aquellos personajes que, muchos de ellos, se dejaron la vida por sacar de las entrañas de nuestro tormentoso subsuelo isleño, el oro líquido que suponía, y supone para nuestras cosechas, el agua, la vida misma.
Todo este compendio de conocimientos, historias y experiencias relatadas de quienes anteriormente ya habían visitado este entorno teldense, adquiridas durante estas II Jornadas de Cultura del Agua, que junto a las charlas acerca de otro gran patrimonio con que contamos en Gran Canaria, presas, estanques, depósitos, pozos, canales, galerías expuestas por el Geógrafo, D. Jaime González González, las aplicaciones técnicas de vanguardia de mediciones y parámetros, fotografía y visión interna de los elementos y materiales de construcción expuestos por los ingenieros topográficos, D. Heriberto Betancor Martel y D. Marcos Viera Calero, el estudio detallado de otra importante obra de minas y galerías como la Mina de La Pardilla, expuestas por D. José Francisco Pérez Rodríguez y D. Miguel Vega Peña, del Centro de Documentación Intangible de Telde, Tyldet y los ya mencionados.
Reitero mi agradecimiento y felicitación a todos los ponentes por la cantidad, calidad, documentación, e información bien dirigida y expuesta en sus ponencias, que dieron lugar a interesantes debates por las ideas, opiniones aportadas y, porqué no, críticas presentadas por los que se adentran en el corazón de la isla, siempre encaminadas a conservar, mantener, descubrir y potenciar un importante patrimonio, un paisaje único, una identidad, en suma el latido humano que marcó la historia de Gran Canaria y que hoy debemos guardar y conservar como oro en paño, es tarea de todos.
Juan Ismael Santana Ramírez, Archivero y Bibliotecario de la Casa Museo León y Castillo de Telde, Coordinador de las Jornadas de Cultura del Agua ha hecho un trabajo, francamente, extraordinario, y a la dirección de la Casa Museo en la persona de D. Antonio María González Padrón. Mis felicitaciones y agradecimiento por que he sumado algo más y muy importante, a mis escasos conocimientos en estos temas puntuales como es la Cultura del Agua, aunque solo sea por el recuerdo lejano de mi infancia correteando por los barrancos y escuchar el traqueteo sonoro de los motores funcionando para subir el agua de las entrañas de la tierra, ha merecido y seguirá mereciendo la pena indagar en la historia de nuestra Gran Canaria.
Y termino con el texto del relato de un viajero de 1853, que encabeza el dossier que se nos regaló a la entrada de la Noria, con la historia de este ingenio hidráulico: “Hemos dicho que esta Hacienda es una de las mejores y ahora añadimos que es digna de que la visite todo extranjero que llegue a la Gran canaria, si quiere admirar los encantos de una vegetación robusta y sumamente variada, y comprender los extraordinarios esfuerzos de que es capaz el hombre cuando se propone fertilizar con el sudor de su frente los parajes más ingratos de la naturaleza”. Muchas gracias.
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