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 Nuestro paseo dominical lo hacemos hoy por el Valle de Jinámar, donde vamos en busca de la calle Ídolo de Jinámar. Su inicio lo hayamos en la calle Manuel Alemán Álamo, desde la cual parte con orientación Poniente-Naciente y tras recorrer unos 380 metros, aproximadamente, finaliza desembocando en la calle Camilo José Cela.
Por su lado del Norte linda con la Avenida Joan y Víctor Jara y por el lado Sur lo hace con la propia calle de su origen, la calle Manuel Alemán Álamo. La nominación de este vial fue aprobada en sesión del Ayuntamiento Pleno celebrada el 25 de noviembre de 1994, conjuntamente con todas las correspondientes a los diversos viales que componen la urbanización.
Desde esa fecha ha pasado a formar parte del callejero que conforma el distrito 3º, sección 9ª del Censo Municipal de Habitantes y Edificios. Esta Urbanización del Valle de Jinámar, es eminentemente residencial y está conformada en su mayoría por torres de edificios destinados a viviendas sociales, con una proyección urbanística lamentable.
Sinopsis de la nominación
El Ídolo de Jinámar, es una figura realizada en cerámica y de tipo zoomorfo, que hace bien poco (unos diez años), fue descubierto por un aficionado a la arqueología, entre los restos de un talud de tierra que un tractor removió hace años en el deteriorado yacimiento de La Restinga, en la costa de Bocabarranco (Jinámar).
Son las últimas huellas del Telde prehispánico. El tramo bajo del barranco Real sigue guardando sorpresas a pesar de las graves alteraciones que ha sufrido. El técnico en arqueología, Francisco Peinado asegura que se trata de un vestigio único por tener la forma de una cabeza de cabra. «Hasta la fecha se han encontrado cabezas de animales, pero parece que este es el primero que representa a una cabra».
En principio, lo único cierto es que, según se observa en el libro Ídolos Canarios. Catálogo de Terracotas Prehispánicas de Gran Canaria , editado por el Museo Canario en el año 2000, la mayoría de los ídolos aborígenes aparecidos en la Isla hasta ahora son antropomorfos, con apariencia humana, al estilo del ídolo de Tara. Los zoomorfos, que semejan a animales, no suelen vincularlos a ninguna especie en concreto, como en este caso se ha atrevido Peinado, porque no hay unanimidad entre especialistas.
Los ídolos tienen carácter simbólico y se les atribuye una función mágico-religiosa. Son en general figuras de protección. El origen de Jinámar data de la época prehispánica, conocido por “Xinámar”, existiendo un lugar de interés arqueológico importante junto a la playa, donde se han encontrado restos aborígenes como viviendas o idolillos, uno de ellos el conocido “Ídolo de Jinámar”, actualmente en el Museo Canario.
Si bien los cronistas oficiales de la conquista sitúan inicialmente a la población aborigen prehispánica de nuestras islas de politeísta, calificándoles de salvajes que adoran al sol y a la luna y, no creen en el alma ni en el más allá. Una vez finalizada la conquista de la isla, se tata este asunto con más atención y precisión y, a pesar de las imposiciones de los conquistadores, se conocen bastantes detalles de la primitiva teología que se profesaba.
En la isla de Gran Canaria se reconocían dos espíritus superiores, uno del bien denominado Alcorac o Acorán y otro del mal, llamado Gabiot. El dios Alcorac tenía dos santuarios principales uno en el cantón de Gáldar, situado en el Risco de Tirma y, el otro en el cantón de Telde, localizado en Umiaga, dentro de la Caldera de Tirajana. No obstante, los diferentes almogarenes existentes por la isla debieron cubrir las necesidades espirituales de la población, así como, los diferentes ídolos que se han ido encontrando.
Actualmente se realizan trabajos en el yacimiento arqueológico de Los Barros, junto al complejo comercial El Mirador y muy cercano al deteriorado yacimiento de La Restinga. Sería motivo de regocijo comprobar la realización de estos trabajos, los cuales no dejamos de aplaudir, pero no podemos renunciar a la denuncia del abandono que sufren otros tantos en el municipio y que seguramente van a terminar casi totalmente destruidos por el sistemático abandono de las autoridades autonómicas, provinciales y municipales.
No se toma conciencia de que la destrucción de estos yacimientos lleva aparejada la desaparición de una cultura que nos han legado y que de alguna forma debieran ser tenidas en respeto y consideración, por constituir precisamente una importante parte de nuestras señas de identidad, patrimonio inalienable de la sociedad canaria.
Toponimia del barrio
La toponimia que da origen al barrio de Jinámar, se define como la del nombre de un poblado aborigen prehispánico, sin que se sepa cual puede ser su traducción, y en todo momento, esos inicios le asocian con el de una aldea de pacíficos artesanos que al parecer se denominaba La Ollería, y en la que tropas de Juan Rejón ocasionó una gran masacre entre la población de mujeres, niños y ancianos. Ese lugar hoy se recuerda con la denominación de un vial como La Matanza.
Durante mucho tiempo Jinámar fue el primer núcleo poblado del municipio de Telde, que se encontraba cuando transitabas por la Camino Real al Sur en el  siglo XVIII, posteriormente la Carretera al Sur durante el siglo XIX y en siglo XX la Carretera C-812 (hoy GC-100) y que todas durante sus diferentes nominaciones condujeron y conducen hasta el Puerto de Mogán.
Entre San Cristóbal y Jinámar, no encontrabas ningún tipo de edificación, con lo cual al llegar a Jinámar, la parada era obligada para dar agua a las bestias que tiraban de los carros, poner agua a los viejos motores de los transportes públicos o estirar las piernas, ya que, estos viajes solían durar algo más de medio día en algunos casos.
No obstante, el Valle de Jinámar, es una gran urbanización que se construye en la segunda mitad de la década de 1980, en lo que fuera la hermosa Finca de la Condesa, un lugar señero en los procesos agrícolas que ha vivido el municipio de Telde, durante varios siglos, y que experimentaba una gran frondosidad y fertilidad, debido al mimo que en ella pusiera el Sr. Conde de la Vega Grande y Guadalupe, Don Agustín del Castillo y Bethencourt, al dotarla de los sistemas de riegos y edificaciones anexas al emporio agrícola que rodeaba su gran mansión, poniendo en funcionamiento la noria con motores de nueva concepción a finales del siglo XIX.
Han sido incompresibles o cuando menos disparatadas, las intervenciones que en nuestro municipio ha tenido el Gobierno Español en connivencia con los propietarios de ciertos lugares en los que la productividad agrícola era vital y sin embargo se dejaron de cultivar para proceder a la urbanización de los mismos, cuando en verdad existían terrenos colindantes con peores condiciones agrícolas que aquellos, ya sean en el Valle de Jinámar, en Las Remudas, o en la zona de La Estrella, para el caso da lo mismo, el crimen ecológico fue de la misma magnitud.
Hoy lo que queda de parte de aquella hermosa finca, es un número indeterminado de calles y edificaciones sociales donde se hacina una importante población del municipio, residentes unos pocos y venidos de otros municipios otros tantos.
Todo, absolutamente todo perece al paso inexorable del tiempo, a la consideración dispar de las distintas generaciones, a esa importancia que se resta a la trascendencia y a la herencia cultural que en aras de Patrimonio Histórico, Cultural o Medio Ambiental nos han legado las generaciones que nos han antecedido y ello, sólo nos lleva a la ignorancia y al desconocimiento de anteriores experiencias en las cuales bien pudiéramos educarnos para evitar la repetición de errores y pérdidas innecesarias de tiempo.
Pudiéramos aprender de esas vivencias lo que es más puro, algo que encasillamos como la cultura popular y los valores humanos, tal vez, por creernos más inteligentes que aquellos que ya no están, como si nosotros fuéramos a estar siempre, aunque en verdad la sabiduría de muchos dependa de un ordenador y el bienestar de la electricidad, sin esos elementos fríos y volubles, muchos se morirían de hambre ante la realidad o dependería directamente de sus semejantes para mal vivir.
Efemérides
Hoy se cumple precisamente 137 años, de aquel 20 de enero de 1876, día en el que el perito Francisco Pascasio Moreno, hace flamear el pabellón argentino en el lago Nahuel Huapi (en Neuquén, en el límite con Río Negro). Este insigne argentino había nacido en el año 1852 en Buenos Aires, hijo de Francisco Facundo Moreno, un caballero criollo de prosapia española y de Juana Thwaites, hija de un oficial inglés, ex prisionero de las invasiones y finalmente radicado en el país. En el año 1871 una epidemia de fiebre amarilla arrasa Buenos Aires y muere su madre. Su pasión por la recolección de objetos naturales para aumentar su ya importante colección, sumado esto a las cartas de Lucio V. Mansilla sobre su viaje por las tierras de los ranqueles publicadas en el diario “La Tribuna”, despiertan en Moreno su interés por conocer el sur y los indígenas.
En el año 1873 viaja a Carmen de Patagones (Río Negro). Un año más tarde logra embarcarse en la comisión que envía Sarmiento a la Patagonia para ratificar la soberanía argentina allí, misión que ratifica precisamente el 20 de enero de 1876 en el Lago Nahuel Huapi. Posteriormente, un año más tarde realiza una nueva expedición, escribiendo: “… en la inmensa soledad, la naturaleza que te hizo, no te dio nombre: la voluntad humana desde hoy te llamará ¡Lago Argentino! Que mi bautismo te sea propicio…”. Con estas palabras, Moreno le atribuye al lago el nombre que perduró a través de la historia. Además, se funda este año el Museo Antropológico y Arqueológico de Buenos Aires, sobre la base de las colecciones donadas por Moreno, quien es nombrado Director Vitalicio de la institución.
En el año 1878, Argentina y Chile reconocen como límite de ambas naciones la Cordillera de los Andes, de acuerdo con la teoría “de las más altas cumbres”, enunciada por Moreno. Dos años más tarde explora la costa sur del Lago Nahuel Huapi y descubre las Cuevas Pintadas del Cerro de los leones. En el año 1882 se funda la ciudad de La Plata con jerarquía de capital de provincia y allí son trasladadas las colecciones de Moreno, para en el año 1888 inaugurarse el Museo de La Plata. En sus escritos Moreno no menciona nunca el glaciar que hoy lleva su nombre, el cual le es atribuido por el teniente argentino Iglesias en el año 1899. Fue elegido en el año 1897 como perito argentino en los conflictos limítrofes con Chile, como consecuencia de su gran labor le son adjudicadas tres leguas patagónicas, las cuales dona para dar origen al primer Parque Nacional Argentino, en el año 1903. Fallece en el año 1944 y hoy sus restos descansan en una sepultura existente a la entrada de Nahuel Huapi. Allí estuvimos y tocamos parte de su historia.
También un día como hoy, hace ahora mismo 129 años, es decir el 20 de enero de 1884, es sustituido como capitán general de Canarias, Valeriano Weyler. El relevo lo hace en la Capitanía General de Santa Cruz de Tenerife, el capitán general Gabriel Torres Jurado. Weyler había desempeñado el cargo  durante seis largos años. Era natural de Palma de Mallorca, donde había nacido en el año 1838. Procedía del cuerpo de Estado Mayor e hizo campaña en la isla de Santo Domingo, donde obtuvo la Cruz de San Fernando y el ascenso a coronel. Con la proclamación de la Primera República, Weyler luchó contra los carlistas. Derrotó a Santés en diciembre de 1873, lo que le valió el ascenso a mariscal de campo. Durante la Restauración su ascensión prosiguió, fue nombrado teniente general y se le adjudicó la Capitanía General de Canarias, que ocupó durante el período comprendido entre 1878 y 1883. Años más tarde, en 1888, dirigió la Capitanía General de Filipinas, hasta 1893.
En su vuelta a España sirvió en Cataluña, tratando de sofocar los numerosos atentados anarquistas que se producían en aquella ciudad. Cuando la guerra de independencia cubana se estaba enquistando para el gobierno canovista, se pensó que Weyler era la figura idónea para mandar las tropas allí destacadas, de forma que, en 1896, llegó a la isla para sustituir al fracasado Martínez Campos. En los planes de Weyler estaba acabar con la insurrección en dos años. Su primer objetivo en la isla era aislar al rebelde Maceo, al que consideraba el más peligroso para los intereses españoles al tener este el apoyo de los negros. La presencia de Weyler hizo, además, que la Junta de Nueva York decidiera mandar más material y armas a la isla en apoyo de los insurgentes. Además, la prensa norteamericana se encargó de que todo el mundo conociera las atrocidades que el general español estaba llevando a cabo.
Cuando en octubre de 1897 el Partido Liberal, encabezado por Sagasta, llegó al poder, una de sus primeras decisiones fue retirar de la posición cubana a Weyler, quien no sólo tenía mala prensa en Estados Unidos, sino también en España. A partir de esos momentos desempeñó diversos puestos en la estructura militar en España; fue nombrado ministro de Guerra durante el período comprendido entre 1901 a 1905, y en 1907. En 1905, ya en posesión de dicho cargo, no obedeció las órdenes del gobierno, ante los continuos ataques que estaba sufriendo el ejército por los numerosos escándalos de corrupción. Los oficiales no estuvieron tranquilos hasta que el rey les garantizó que defendería sus intereses.  En 1909 fue el general que estuvo al mando de la represión llevada a cabo en Barcelona conocida como la Semana Trágica. El 23 de enero de 1910 fue ascendido al rango de Capitán General. En 1916 se hizo cargo de la Jefatura del estado Mayor Central del Ejército, pero en 1925, con la dictadura de Primo de Rivera, y por su abierta oposición a éste y a su régimen, dimitió de su cargo e incluso tomó parte activa en la sanjurjada que trató de derrocar al dictador.
Consideraciones aparte merecen el comparativo este polémico y sangriento marqués de Tenerife, frente al quehacer y el desenlace de los acontecimientos que involucraron las vidas de otros ilustres canarios como Secundino Delgado, Nicolás Estévanez o el propio Fernando León y Castillo, respecto al tratamiento de las entonces colonias de Filipinas y Cuba, pero son otras tantas narrativas que tendrán lugar en otra ocasión, sin que ello suponga que hayamos sostenido ideales independentistas en ningún momento, pero sí que desde principios del siglo XX, se pudo gestar una autonomía provincial tanto para Filipinas, Cuba o nuestro propio Archipiélago Canario, pero las sinrazones se imponen en muchos casos y los esquemas se rompen violentamente, como así sucediera.
Hoy finalizamos nuestro recorrido y miramos hacia la zona de La Restinga y Los Barros, pensamos en el abandono de nuestro Patrimonio Histórico, en especial en nuestro municipio, donde cerca de una decena de lugares mueren cada día un poco más a manos de los desaprensivos y el olvido de las autoridades.
No es ninguna fantasía pensar y además, tenemos pleno derecho a ello, dado que es lo poco que no nos pueden robar, pero sería factible la recuperación de esos espacios y el acondicionamiento para visitas culturales y turísticas, creándose una red o itinerario en nuestro municipio que haga las delicias de propios y extraños, de paso, como si no fuera la cosa con ellos, podrían crear nuevos puestos de trabajo para esa gente joven que han terminado sus estudios y no tienen futuro alguno, salvo la emigración, aunque eso al parecer importe bien poco o nada a quienes nos gobiernan y se justifiquen tildando de irresponsables a esa gente joven, cuando en verdad es un flagrante exilio, la historia se repite una vez más.
Por último, y hablando de la recuperación de espacios naturales o arqueológicos, pensamos también en la hermosura del trabajo del perito Francisco P. Moreno en pro de los divinos parques naturales de Argentina. Hoy recordamos nuestros seis días de estancia junto al Nahuel Huapi, en San Carlos de Bariloche y la despedida que el nuevo día nos daba entre las brumas del amanecer sobre el lago, en el momento de nuestra partida.
Fue todo muy bello, fue un hermoso espacio de nuestras vidas que jamás olvidaremos, ya que, lo sentimos y lo vivimos plenamente, como el aire fresco de la hora prima que respirábamos mientras mirábamos cono nostalgia desde Confluencia (orilla orientada al este del Neuquén Río Negro), allí donde las aguas del Nahuel Huapi parten hacia el mar, atravesando a lo ancho la República de Argentina, alimentando varios ríos. Desde el bosque de olmos y abetos, nos llegaban los graznidos de los cuervos y una pareja de chimangos sobrevolaron la zona, fue nuestra despedida de este paraíso, al que prometimos volver en otra ocasión, si El lo permite.
Dejamos aquí nuestra intervención de hoy, guardamos en nuestra gena todo lo positivo que hayamos podido mentar en esta crónica y, reemprendemos nuestra caminata en dirección al Poniente, dentro de la misma Urbanización del Valle de Jinámar, donde visitaremos la calle Ignacia de Lara Henríquez, pero bueno… eso será en la próxima ocasión, si Dios quiere, allí nos vemos, sean felices.
Sansofé.
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