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Un viaje al pasado prehispánico de la isla de Gran Canaria.

En la segunda mitad del siglo XIX, la realización de una serie de trabajos agrícolas propiciaron el hallazgo fortuito de la Cueva Pintada. En su interior se encontraron algunas momias, vasijas y otros objetos que señalan la relevancia de este espacio en el que se unían lo sagrado y lo político.

La Cueva Pintada forma parte de un complejo de seis cuevas excavadas por los antiguos canarios en la toba volcánica. Muchas de las dependencias de este conjunto troglodita conservan restos del almagre que decoraban sus muros y techos. Las materias colorantes empleadas eran de origen mineral. Los rojos se obtenían a partir de almagres y los blancos de caliches quemados, que se combinaban para conseguir otros matices de color. Los elementos decorativos son geométricos y se ordenan formando una composición simétrica a partir del eje central de la estancia.

Alrededor de la Cueva Pintada se articula el caserío de Agaldar que, de forma escalonada, se va distribuyendo desde el fondo del barranco hasta el actual centro histórico de la ciudad y constituye uno de los barrios que configuraban el Agaldar prehispánico.

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