Etiquetas

,

 
 
Se refiere a una planta perenne que desde hace décadas se encuentra en peligro de extinción
 
 

Calle Lotus Kunkelli
 
   
En nuestro paseo de hoy, mañana primaveral, hemos ido al Valle de Jinámar, donde vamos en busca de la calle Lotus Kunkelli, cuyo origen lo encontramos en la calle Cortijo de Belén desde donde, con un trazado de Poniente a Naciente y, tras recorrer unos 320 metros, aproximadamente, finaliza en la calle Fernando Sagaseta. Tiene paralela al Norte la Plaza de Los Derechos Humanos y Plaza de la Solidaridad, mientras que por el Sur lo hace con la calle Fuente del Sao.
 
Esta nominación, fue aprobada por el Ayuntamiento Pleno en sesión celebrada el día 25 de noviembre de 1994, figurando desde entonces, en el Callejero del Distrito 3º, Sección 14ª del Censo Municipal de Habitantes y Edificios.
 
Es ésta una urbanización reciente, de una treintena de años, aproximadamente y, el uso de la misma es eminentemente residencial, encontrándonos en la mayoría de las parcelas edificios destinados a viviendas.
 
Es la zona denominada dentro del Valle de Jinámar, el Lomo de Las Brujas, que se trata de un promontorio en la parte Poniente de la Urbanización del Valle de Jinámar.
 
Sinopsis de la nominación:
La yerbamuda de Jinámar (Lotus Kunkelii) es un endemismo local de la costa este de la isla de Gran Canaria que pertenece a la familia Fabaceae.
 
La única población conocida de la especie se encuentra situada dentro de los límites del Sitio de Interés Científico de Jinámar, que comparten los municipios de Las Palmas de Gran Canaria y Telde. Todos los ejemplares se encuentran más concretamente al norte de la desembocadura del Barranco de Jinámar.
 
En 1972 se describe por primera vez la Lotus Kunkelii (aunque como Lotus lancerottense aubsp. Kunkelii) a partir de material recolectado en 1956 en la desembocadura del Barranco de Jinámar, justo antes de que se llevaran a cabo obras de acarreo de arena en la zona y se destruyera gran parte de su población. Siempre ha existido controversia sobre si es una subespecie de Lotus lancerottense, de Lotus arinagensis o una especie aparte. En 2006 se realizó un estudio genético que reveló la validez del taxón.
 
Se trata de una planta perenne, pseudo-rastrera, leñosa en la base, que puede medir hasta 30 cm de altura y que se encuentra cubierta de un indumento blanco grisáceo. Las hojas son sésiles, carnosas y dispuestas en verticilos, que puede albergar hasta 12 semillas. Las inflorescencias cuentan con dos o cuatro flores de color amarillo.
 
Especie heliófila y halófila, siendo capaz de resistir condiciones de elevada salinidad. Está ligada a ambientes costeros, asociada a pequeñas acumulaciones de arena y sedimentos eólicos con escaso desarrollo de suelo. En su zona de distribución hay temperaturas altas (la temperatura median anual supera los 20° C, no registrando valores inferiores a 14° C en ningún mes del año), y precipitaciones escasas e irregulares (precipitación media anual es inferior a 200 mm), lo que soporta gracias al desarrollo de unas raíces muy potentes y profundas y a la pérdida de las ramas más largas en las épocas más desfavorables. Por otro lado cabe destacar que convive en su hábitat con Lotus glaucus sin que se hayan detectado procesos de hibridación, que parecen ser comunes entre otras especies del género.
 
La floración se desarrolla entre los meses de noviembre y abril, restringiéndose la misma a los ejemplares de mayor tamaño, aunque pueden aparecer flores aisladas hasta los meses de junio y julio.
 
Los principales vectores de polinización son los insectos, fundamentalmente himenópteros. La fructificación es abundante, produciéndose normalmente entre febrero y junio. En cuanto a la dispersión de las semillas se produce fundamentalmente por balocoria a corta distancia, al abrirse bruscamente las legumbres, aunque también intervienen otros vectores como el agua y el viento.
 
También las hormigas podrían jugar un papel importante en la dispersión de las semillas y legumbres, ya que, se ha podido comprobar que realizan esta función para especies afines, como Lotus glaucus. A diferencia de lo que ocurre con otras especies amenazadas de su género, la germinación de semillas no parece revestir ningún problema, hecho que se constata en la misma población, con abundantes plántulas en los meses de invierno y primavera. No obstante, el desarrollo y supervivencia de las plántulas podría suponer un importante escollo para la propagación de la especie. Las experiencias en cultivo realizadas fuera de su hábitat natural no han sido productivas debido a su peculiar ecología, y se han realizado estudios que describen las dificultades para mantener la especie en cultivo en el Jardín Botánico Viera y Clavijo, debido al carácter estenohalino de la misma. Por otro lado, al igual que otras especies del género Lotus puede reproducirse por esquejes.
 
El principal factor de amenaza de esta especie lo constituye la alteración, destrucción y degradación de su hábitat, motivada por la construcción de carreteras, la extracción de arena, la acumulación de escombros, el tránsito por pistas circundantes que atraviesan la población, los vertidos incontrolados y las actividades relacionadas con el uso del litoral. Al menos el 85% de la superficie que habita la especie se encuentra bajo la presión antrópica derivada de estas actividades.
 
Está incluida desde 1998 en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas como especie en peligro de extinción y, posteriormente, en el Catálogo de Especies Amenazadas de Canarias con la misma categoría. La UICN la clasifica como especie en peligro crítico de extinción.
 
La Consejería de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria plantó en la costa de Jinámar 1.500 semillas de la Lotus kunkelli, un endemismo único en el mundo que se encuentra desde hace décadas en peligro de extinción.
 
El descubrimiento y catalogación de esta especie se debe en gran medida al botánico alemán Günther W.H. Kunkel, nacido en el año 1928, en Mittenwalde y que falleció el día 6 de agosto de 2007, en Vélez Rubio, provincia de Almería. Fue un botánico naturalista y explorador alemán, investigador y escritor científico, profesor de Botánica y Dendrología, estudioso de la flora de las Islas Canarias y de la provincia de Almería.
 
Toponimia del lugar:
La toponimia que da origen al barrio de Jinámar, se define como la del nombre de un poblado aborigen prehispánico, sin que se sepa cual puede ser su traducción, y en todo momento, esos inicios le asocian con el de una aldea de pacíficos artesanos que al parecer se denominaba La Ollería, y en la que tropas de Juan Rejón ocasionó una gran masacre entre la población de mujeres, niños y ancianos. Ese lugar al parecer hoy se recuerda con la denominación de un vial como La Matanza.
 
Durante mucho tiempo Jinámar fue el primer núcleo poblado del municipio de Telde, que se encontraba cuando transitabas por la Camino Real al Sur en el siglo XVIII, posteriormente la Carretera al Sur durante el siglo XIX y en siglo XX la Carretera C-812 y que todas durante sus diferentes denominaciones condujeron y conducen hasta el Puerto de Mogán.
 
Entre San Cristóbal y Jinámar, no encontrabas ningún tipo de edificación, con lo cual al llegar a Jinámar, la parada era obligada para dar agua a las bestias que tiraban de los carros, poner agua a los viejos motores de los transportes públicos o estirar las piernas, ya que, estos viajes solían durar algo más de medio día en algunos casos.
 
No obstante, el Valle de Jinámar, es una gran urbanización que se construye en la segunda mitad de la década de 1980, en lo que fuera la hermosa Finca de la Condesa, un lugar señero en los procesos agrícolas que ha vivido el municipio de Telde, durante varios siglos, y que experimentaba una gran frondosidad y fertilidad, debido al mimo que en ella pusiera el Sr. Conde de la Vega Grande y Guadalupe, al dotarla de los sistemas de riegos y edificaciones anexas al emporio agrícola que rodeaba su gran mansión.
 
Han sido incompresibles o cuando menos disparatadas, las intervenciones que en nuestro municipio ha tenido el Gobierno Español en connivencia con los propietarios de ciertos lugares en los que la productividad agrícola era vital y sin embargo se dejaron de cultivar para proceder a la urbanización de los mismos, cuando en verdad existían terrenos colindantes con peores condiciones agrícolas que aquellos, ya sea en el Valle de Jinámar, en Las Remudas, o en la zona de La Estrella.
 
Hoy lo que queda de parte de aquella hermosa finca, es un número indeterminado de calles y edificaciones sociales donde se hacina una importante población del municipio y otros venidos de fuera.
 
Todo, absolutamente todo perece al paso inexorable del tiempo, a la consideración dispar de las distintas generaciones, a esa importancia que se resta a la trascendencia y a la herencia cultural que en aras de Patrimonio Histórico, Cultural o Medio Ambiental nos han legado las generaciones que nos han antecedido y ello, sólo nos lleva a la ignorancia y al desconocimiento de anteriores experiencias en las cuales bien pudiéramos educarnos para evitar la repetición de errores y pérdidas innecesarias de tiempo.
 
Pudiéramos aprender de esas vivencias lo que es más puro, algo que encasillamos como la cultura popular y los valores humanos, tal vez, por creernos más inteligentes que aquellos que ya no están, como si nosotros fuéramos a estar siempre, aunque en verdad la sabiduría de muchos dependa de un ordenador y el bienestar de la electricidad, sin esos elementos fríos y volubles, muchos se morirían de hambre ante la realidad, ya que, su futuro sería claramente insostenible.
 
Efemérides:
Un día tal como hoy, hace ahora mismo 152 años, es decir el 31 de agosto de 1862, la fragata Nivaria, procedente de Vigo, llega a Santa Cruz de Tenerife. Las operaciones de descarga se iniciaron el día 2 de septiembre y a los pocos días, cayó enfermo un marinero al que seguirían otros más, muriendo todos ellos en extrañas circunstancias. Desde ese momento se inicia una inquietante revuelta social por temor a que se debiera a una epidemia como la padecida en los años 1818-1819, pero el mutismo de las autoridades era inquietante. Hubo de pasar un mes hasta que el gobernador acuciado por reiterados casos de enfermedad, se decidiese a declarar la existencia de la epidemia de fiebre amarilla en Santa Cruz de Tenerife, exponiendo a la población insular y de todo el archipiélago a un contagio masivo por su negligente demora.
 
Desde septiembre de ese mismo año hasta el mes de marzo del año siguiente, la temible epidemia de fiebre amarilla que asolaba el archipiélago, ocasionó 540 víctimas mortales. Muchos ciudadanos en las diferentes islas, buscaron refugio en los pueblos del interior, tratando de eludir el contacto con las zonas costeras y la población procedente de las inmediaciones de los puertos. La fragata Nivaria procedía inicialmente de Cuba y su tripulación y pasajeros pasaron tan sólo ocho días de cuarentena en el lazareto de Vigo, recalando primeramente en el Puerto de Las Palmas antes de dirigirse al de Santa Cruz de Tenerife. Se realizaron colectas públicas para socorrer a las víctimas de la terrible epidemia que dejó numerosos huérfanos y viudas.
 
También ocurrió hace 127 años, es decir el 31 de agosto de 1887, que en la localidad catalana de Malgrat de Mar, nace la fuera escritora española Zenobia Camprubí Aymar. Contrajo matrimonio con Juan Ramón Jiménez en el año 1916, y desde ese momento y hasta su fallecimiento, 40 años más tarde, se convirtió en compañera inseparable y decisiva colaboradora del poeta en todos sus proyectos literarios. Procedía de una familia culta y adinerada. A los nueve años viajó a Estados Unidos con su madre en proceso de separación. Allí residió hasta 1909 y comenzó sus estudios universitarios en Columbia; asistió a actividades culturales y clubes de mujeres. Entró en contacto con el feminismo estadounidense, viajó sola, leyó los clásicos españoles e ingleses y siguió un curso sobre literatura.
 
Desde su adolescencia, comenzó a escribir cuentos en castellano y en inglés, y a desarrollar sus dotes literarias. Entre 1909 y 1910 estuvo en La Rábida. Allí improvisó una escuela para enseñar a los niños de la aldea, escribió artículos que envió a diversas revistas norteamericanas y, sobre todo, se aficionó a la poesía popular española. En 1916 se casó con el poeta, que era seis años mayor que ella, en Nueva York, en la iglesia católica de Saint Stephen. A partir de este momento, la vida de Zenobia se centró en apoyar a su marido y regentar un pequeño negocio que salvaba la economía familiar. Zenobia falleció el 28 de octubre de 1956, en la Clínica Mimiya de Santurce, Puerto Rico, tres días después de que su esposo recibiera el Premio Nobel de Literatura.
 
Amar tal vez sea eso que expresa esa frase tan traída y llevada de “significa no tener que decir nunca que no” u otras tantas hechas al efecto, pero se me antoja que ninguna es válida si no existe una reciprocidad de ambas partes.
 
El amor para que sea real ha de contenerse en dos partes, la emisora y la receptora de los sentimientos, las cuales además se han de reflejar mutuamente en el mismo espejo, el que te ofrece el quehacer diario de la vida que compartes con el ser amado.
 
Para que esto se dé, se ha de dar previamente el respeto mutuo hacia la otra persona, ya que, no se puede afirmar que se ama a una persona si ésta ha de estar sometida o subyugada a las determinaciones de la otra parte. Eso no es amar, es tener un esclavo o esclava, en la cual reflejar tus sentimientos y caprichos exclusivamente.
 
Decir que por amor se renuncia a todo lo que puedas desear en la vida, es reconocer un sometimiento físico o sentimental hacia otra persona y esperar el reconocimiento de aquella de alguna forma, la cual en raras ocasiones se manifiesta, por creer inconscientemente tener pleno derecho sobre la otra parte.
 
No se trata de hacer renuncias, creo que se trata de compartir las situaciones, comprometiéndose ambas partes a llevarlas a buen puerto, como una obra personal e intima de la pareja.
 
Por eso mismo no entiendo las renuncias que hubo de hacer Zenobia Camprubí, respecto a su realización literaria, sometida a los caprichos y mal carácter de un egocéntrico como fue Juan Ramón Jiménez, quien incluso en los últimos años de su vida se va a vivir a Puerto Rico alegando no soportar el ambiente de Bostón, donde la escritora recibía la terapia a su enfermedad e irse a un lugar donde carecían de aquellos medios.
 
Menos aún comprendo como sin el concurso de Zenobia en las labores de ordenación de notas que el escritor iba dejando por todas las esquinas, para conformar su obra, la historia pasa un largo período sin reconocer su verdadera valía y renuncia a su realización literaria personal.
 
Pero lo que me choca totalmente es que una mujer de aquella época, que tuvo largos contactos con los movimientos feministas norteamericanos, se relegara tanto por un individuo que se presumía de un agrio carácter, de muy mal humor y de un egoísmo que le hundía en la más absurda prepotencia, cuando en realidad fue siempre un enfermizo mantenido por la economía que ella lograba.
 
Eso no creo que haya sido un sacrificio por amor, el amor no exige minimizar o ningunear a la otra parte, ya que, si se da el caso es precisamente un desamor, que no merece ser atendido ni compartido.
 
Nos echamos la gena a la espalda, guardando en ella todo lo positivo que podemos entresacar de esta crónica y, seguimos caminando hacia el Poniente y nos vamos en busca de la calle Louis Braile, que se encuentra en el barrio San Isidro, donde iremos para conocer la toponimia de este lugar y saber algo más de la vida de este gran inventor francés, pero eso será en otra ocasión, si Dios quiere, allí nos vemos. Mientras tanto…cuídense.
 
Sansofé.
Anuncios